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     Esta semana vamos a diseecionar ojos de infectados, uno más de los pasos de nuestra búsqueda de tejidos, órganos y estructuras que puedan haber sido afectadas por el agente causal de esta infección, con la finalidad de obtener muestras sobre las que investigar la naturaleza del mismo y su posible cura.

    Recuerda buscar todas las estructuras del ojo que ya conoces y hacer un esquema de las mismas en tu "Diario de supervivencia zombi", junto con los materiales y protocolo seguido durante la investigación

    Las muestras obtenidas, han sido difíciles de obtener, pero, con constancia y las precauciones que pueden suponer, hemos conseguido una cantidad considerable para analizar. Diez pares de ojos. Diez infectados.

    Como en la mayor parte de los casos anteriores, estos órganos no muestran señales de daños más allá de la propia degradación orgánica causada por la muerte celular debida a la falta de nutrientes. Recordemos que la única estructura que, hasta ahora, ha mostrado daños ha sido el encéfalo, sobre todo en la parte de la corteza cerebral o materia gris.

    El hecho de que las muestras de órganos y tejidos no muestren signos de infección concuerda con las observaciones de campo, en las que hemos podido apreciar que los infectados mantienen los sentidos de la vista (se vuelven y nos miran antes de atacar), el olfato (no se atacan entre ellos ni a nada que no sea un individuo sano) y el oído (reaccionan girando el cuerpo hacia nosotros cuando hacemos ruido y se desplazan hacia las zonas donde se da una mayor intensidad del mismo), pero no el gusto (no se detienen a saborear los pedazos que arrancan de sus víctimas, sino que los engullen con rapidez), el tacto (no parecen sentir dolor ni percibir variaciones en temperatura ni presión) ni el equilibrio (no caen con facilidad, pero es raro que se levanten tras haber caído). Igualmente, creemos que no digieren (los ataques a mordiscos no son los únicos, también arañan, y parecen debidos más a su gran agresividad que a que tengan hambre), que no respiran (no les vemos mover el pecho; de hecho, algunos no tienen pecho) y que no mantienen ningún tipo de circulación sanguínea (no sangran cuando resultan heridos y la sangre que muestran en boca y manos sólo es fresca tras atacar a individuos sanos).

    Tampoco hemos detectado ninguna capacidad de razonamiento lógico, lo que encaja con la pérdida de corteza cerebral observada en las muestras analizadas.

Basándonos en estas observaciones, pensamos que las únicas células vivas en el organismo de los infectados son las musculares (los infectados se mueven, aunque se aprecia una considerable pérdida de masa muscular esquelética por la lentitud de sus movimientos, y suponemos que la musculatura visceral no está funcionando por no ser necesaria) y las del sistema límbico, por ser la zona del cerebro en la que residen los instintos (entre los que destaca el de supervivencia, aunque no se les aprecia instinto de huida sino sólo de ataque, y exacerbado).

    Pensamos también que el intercambio gaseoso tiene lugar entre las células y el ambiente de forma directa, debido al alto grado de degradación de la piel, que ha perdido, por ello, su función de barrera, dejando así sin utilidad al aparato respiratorio.

  Por último, no consideramos que los infectados se alimenten. De hecho, consideramos que no necesitan comer. Es una idea que se sale de las concepciones habituales, como tantas en estos últimos meses, pero estamos considerando que las células aún activas se nutren de los residuos orgánicos que quedan tras la muerte de las demás células, de forma que los infectados llegarían a consumirse ellos solos cuando ya no quedaran más células muertas de las que sacar nutrientes. Aunque lo harían tan lentamente que les daría tiempo de sobra para acabar con todos los seres humanos aún sanos, con lo que la especie humana acabaría por extinguirse...

Confiamos en encontrar una cura antes de que esta visión se haga realidad.

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